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La Coctelera

Mensajes desde las Tierras Irreales

"Así, hay en nosotros un mundo de amor hacia algo, aunque no sabemos qué podría ser ese algo". Traherne

Categoría: El Bosque de los Mundos

15 Abril 2006

La Caperucita Roja: Sexo e Interpretación

¿Psicología sexista en la literatura?
Un ejemplo clásico es, sin duda, Le Petit Chaperon Rouge, o “La Pequeña Caperucita Roja”, compilada en el siglo XVII por Charles Perrault.

La obra juega con metáforas de alusión universal claramente identificables.

Ignoremos el irreverente final feliz que ha desprovisto de impacto a la moraleja implícita, y aboquémonos, pues, al relato original. Aquel en que ningún leñador fornido, repleto de virilidad, irrumpe en el inmueble de la anciana, desempeñando el papel de héroe.
No. En la primerísima versión publicada –aquella derivada directamente de la tradición oral – la historia culmina en tragedia, acabando la niña su vida a precoz edad.

Mas lo que nos interesa ahora son ciertos símbolos generales.

Una madre encomienda a su hija sin nombre, algunos víveres para la abuela.

La niña – extremadamente bella – es conocida con el apodo de Pequeña Caperucita Roja. El conjunto sugiere una jovencita de sexualidad incipiente, que apenas ha experimentado un primer ciclo menstrual.

En su travesía camino a casa de la anciana, nuestra heroína se introduce al bosque – a menudo descrito como un lugar lúgubre y peligroso –: un sector marginal. El perfecto sitio para hallar un lobo presto a personificar la segregación social.
Este can es un seductor viril, pero mal intencionado: un ultrajador.

En un primer encuentro con la jovencita, el libidinoso señor lobo es consciente de la presencia cercana del leñador: figura paterna, heroica, positivamente masculina y ausente.
De modo que, incapaz de abordarla en aquel momento, enseña a Caperucita un sendero que la conduciría a su destino. Allí, astutamente la esperara, tras engullir a la abuela y usurpar su identidad, vistiendo como ella.

De la asociación entre travestismo y el lobo, se desprende una motivación moral sexista, que diferencia con claridad un género del otro, equiparando la confusión de los mismos con una actitud censurable.

El encuentro de las partes en la vivienda concluye al abalanzarse el lobo sobre la niña con intención evidente.
Lo que sigue es tan interpretable como el resto de la historia.

Y, con el fin de proteger a los retoños traviesos, la moraleja ha sido deliberadamente sentada como tal:

“Los niños, sobre todo las niñas bellas, bien hechas y gentiles, hacen muy mal en escuchar a toda suerte de personas.
Y no es extraño descubrir que el lobo tiene hambre.
Digo lobo, mas no todos los lobos son iguales.
Quienes, sigilosos, complacientes y dulces, siguen a las señoritas hasta sus casas, hasta las calles… ¡Pero cuidado!
Quién sabe si esos lobos dulces, de todos los lobos, no son los más peligrosos.”

“La Caperucita Roja
Sexo e Interpretación”

Valparaíso,
14 de abril, 2006.

Le Petit Pensant

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24 Marzo 2006

De 'El Gato' y Watanabe

Un juego de palabras y sentimientos enfocados a su objeto de admiración.
El Gato es real, físico, tangible. Y a la vez, no existe.
El felino de Watanabe fue –también es – él y de él. En el mundo material se mueve con altiva cabeza y ágil figura, tan veloz como los pensamientos que lo inmortalizaron.
Pero el minino, que había nacido cubierto de blanco, cambió su vestido a tonos grisáceos: se había manchado del rencor de su amo. Porque el Gato alberga el mal de todo hombre, enaltecido, como está, por la soberbia.
Watanabe no espera su regreso, cual trae consigo el inevitable orgullo que el poeta escupe como veneno. Mas es renuente a liberar su mirada. Ésta permanece, pues, clavada en lo alto de la ventana que se abre a su alma, regalándole eterna sutileza, mientras el cuerpo inmanente, cubierto del aún tibio pelaje, se descompone junto a la vereda.

Le Petit Pensant

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22 Septiembre 2005

Mithergab: testarudez al nacer

Hoy he decidido continuar con Mithergab; creo que se merece una oportunidad después de todo el proceso introductorio a su gestación.
Lo diré abiertamente: éste no es más que un mundo surgido a partir de otro ya existente.
C.S. Lewis, más a través de sus obras para niños que de sus relatos autobiográficos, alcanzó una fibra sensible en mi persona. La presencia de Dios y su magnificencia en algún rincón del Universo pasó de ser un declarado pretexto para reír con ironía a una esperanza de vida.
Al concluir las Crónicas de Narnia, me encontré ante un dilema por lo demás complejo: se desvanecía mi única fuente de Dios, de Dios como yo lo deseaba, sin concebirlo ya como un concepto, sino como a un eje principal del diario vivir.
El Mundo de Dios, por otra parte, debía ser perfecto. Sin restricciones ni condiciones y, por lo tanto, sin malevolencia. Claro está, era un lugar destinado a todos, sin excepción.
Como es lógico -pues soy un ser humano-, en mí comenzó a surgir la contradicción; quería acercarme a aquella tierra. Esto significaba un distanciamiento con la vida terrenal: un abrazo a la muerte.
No anhelaba morir, anhelaba mi imagen de Dios misericordioso.
Mithergab nace al recontactarme con la realidad circundante.
Aún cuando no se trata de la propia Tierra, esta historia busca representar una situación característica en la misma, al menos desde mi punto de vista.
Alicia tiene mucho que vivir y los habitantes de Mithergab mucho que contar. Quiero proporcionarles el medio para surgir de entre un montón de ideas desequilibradas.

Le Petit Pensant

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7 Agosto 2005

El Hobbit

Realmente es un libro que nunca me aburre: El Hobbit de J.R.R. Tolkien.
Cada escena me parece una aventura, repleta de acción, por cotidiana que sea.
El ferviente deseo de ser partícipe de aquella realidad se hace latente en mí cada vez que ese libro está entre mis manos. (Lo he leído tres veces y no me aburre en lo absoluto).

Bilbo Bolsón, un hobbit glotón y acomodado, se embarca en una gran aventura en compañía de 12 enanos y un mago, Gandalf el Gris, quien, por cierto, es mi personaje favorito. Sin embargo, es Bilbo mi ídolo espiritual y mi principal punto de proyección.
Recuerdo una ocasión en que, junto a una muy querida amiga, acordamos que ella "sería" un elfo y yo "sería" un hobbit. La verdad es que me gusta el acuerdo y me siento halagada y complacida cuando se me califica de "hobbit", aún cuando sólo se trate de una broma.
Este personaje, Bilbo, es un personaje feliz, alguien que disfruta de la vida tranquila y que, sin embargo, descubre las posibilidades de la aventura. Las posibilidades del mundo.

Simplemente es una historia maravillosa y envidiable: ¿quién no desearía habitar un universo como aquél?

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7 Agosto 2005

Clives Staples Lewis

Me resulta fascinante, eso es todo. Era un hombre sencillo, bastante robusto, de calva, impartía clases, tenía un padre de carácter incorregible, perdió a su madre a temprana edad y gozó de un hermano mayor amoroso y protector que viajaba con él dentro del maravilloso mundo de la imaginación infantil.
¿Quién diría que un hombre, en apariencia, tan corriente crearía el universo que él creó en sus libros?
Comencé leyendo Las Crónicas de Narnia; ahora no puedo parar.

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¿Qué puedo decir? Soy sólo un individuo más, ¿hay forma alguna de que haga la diferencia? Ni mi nombre ni mis ideas serán contados en los cuentos infantiles -¡qué mundos maravillosos!-, ni registrados en los libros de historia -lo que personalmente no me sería muy grato-, pero aquí estoy escribiendo sobre mí, de forma que ahí voy: Me llamo Carla Valentina Veglia Acuña, tengo 17 años, nací en Bruselas en... ¿a quién le importa todo eso? Pues bien, a mí y, puesto que me compete a mí y no a ustedes, no hablaré más de ello. Quizás deba hacer uno o dos comentarios acerca de este blog. La verdad es que nació a raíz de una clase en particular, Realidad Nacional. Vivo en Chile, un país extremadamente problemático -igual que los demás- y que, por lo tanto, se jacta de una historia conflictiva y, a mi parecer, bastante ridícula en lo que a política se refiere (no haré más comentarios respecto a esto, pues no quiero ofender a ningún militante o potencial partidario político). Naturalmente, no podía dejar de existir un ramo dedicado al análisis y "comprensión" (nunca comprenderé a la gente que gobernó este país hace tred décadas atrás) de nuestra extravagante historia. En fin, el punto es que quiero aprovechar esta instancia para divertirme (¿qué razón más sencilla que esa?) y para denunciar. Por supuesto, no espero que nadie la lea, como no espero que alguno de mis cuentos o la novela que estoy escribiendo sean publicados (me gusta mucho escribir), pero, al menos, me da un respiro.

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